La información se recoge en media docena de estaciones diseminadas en las seis parcelas de la bodega y se centraliza en un software instalado en cada receptor, que envía los datos a un GPS y cuya misión es descifrar los factores climáticos que actúan sobre la vid para prevenir posibles enfermedades de las plantas en los viñedos.
Junto a estos medidores electrónicos, un sensor de humectación en hoja mide el gasto de agua que le produce la respiración a cada hoja. Y varios medidores electrónicos miden parámetros como la temperatura y el "potencial matricial del suelo de tal manera que se pueden calcular las necesidades de agua del cultivo".
Los datos recabados por cada estación son controlados a través de un sistema de geolocalización GPS que van a parar a un sistema informático supervisado por los técnicos en las pantallas de los ordenadores de los laboratorios.
Otra de las novedosas aplicaciones inventadas por esta moderna bodega es un quad que lleva incorporado en su parte delantera un sensor que mide los parámetros climáticos que afectan a las hojas de la vid.
El objetivo de este análisis es que cada parcela sea tratada de una manera similar para encontrar una calidad de vino óptima y de máxima calidad. Los responsables estiman que así de reducirá "sensiblemente" el peligro de contagio en las cepas.








