Desde primera hora de la mañana, numerosas personas se acercaron para recoger su dorsal de participación. Para ello se preparó un paquete turístico en el que, por cinco euros, se incluía una camiseta, el dorsal y vales para la comida y la cena.
Tanto los habitantes de la villa, como los visitantes, se volcaron en esta jornada festiva. Disfrutando de un programa de actividades, que hizo amena la espera hasta las ocho de la tarde, cuando lograron el esperado récord.
Aunque 977 fueron los participantes oficiales, todo el que quiso participar sin apuntarse previamente, pudo hacerlo pisando uva con una camiseta blanca. En la plaza se había instalado una gigantesca cuba cuadrada llena de uvas y ahí fueron colocando a los que iban a ganar el récord, no sin mucha paciencia y cuidando todos los detalles, hasta que la jueza diera la orden.
Sobre las ocho y veinte de la tarde, entraban los últimos y se cerraba el acceso. Fue entonces cuando la jueza inglesa, llegada de Londres, explicó que tendrían que pisar las uvas durante tres minutos tras escuchar el disparo. Pasados los tres minutos, un nuevo disparo anunció que se había superado la prueba y que Labastida entraba en el libro de honor de los récord Guinness. Tras lo cual, los participantes disfrutaron de la cena preparada para ellos y se finalizó la jornada con una verbena popular.








